
Yo nunca fui el “narrador”
de los lances de la vida.
Aunque curé de su herida…
Yo soy su fiel soñador!
Y en este punto y partida
acompaño en el fervor,
a mi pueblo redentor
que me dio su luz querida…
Por que en su fuente serena
se traza el recuerdo agónico.
Sobre este marco bucólico
más verde, agreste, y morena!...
Que a mi pueblo me encadena
como joven amorío.
Quiero morir en su río
al llegar mi hora buena…
¡No seré más, peregrino!…
Si no, barro de mi Sierra.
Su silencio bajo tierra…
Y polvo de su camino
en su verano sediento!
Seré amor de su rivera,
su rumor en primavera!...
Su, Otoño soñoliento…
Y en su invierno, amor de hoguera
como en mi tiempo de niño…
En mi retorno vencido,
aunque no reconocido
quiero llevar su aliño…
Y el mismo corte serrano
de su cuchillo, y fandango!
Sabores de tanto rango…
He de marchar muy temprano
por si vuelvo renqueando…
Lágrimas sobre el papel
humedecen mi pensar…
¿Como aquello desterrar?
¡Mi sueño sobre un bajel
zarpando a la bajamar!...
Quisiera ser su cigarra
en tardes de siestas plenas…
Y en noches de lunas llenas!
Bordón de aquella guitarra
que esconde todas sus penas…
Fernando Naranjo Duran.
4/6/09